Este domingo se cumplen 50 años desde que encontraron muerta en su pieza a Marilyn Monroe. Se casó varias veces, tuvo muchos amantes y amigos de lo más topísimos. La encontró su nana, y en sus últimas horas sólo estuvo acompañada por doctores y personas de su trabajo.

Marilyn estaba sola, preocupada porque no su trabajo no era tan reconocido como sus curvas, y porque sus amores no habían sido suficientes para acompañarla en su momento más oscuro.

Pero aunque haya estado hundida en la depresión, y loca como ella sola, el recuerdo de Norma Jean es otro. Nosotros nos acordamos de ella como un ícono de alegría, de sensualidad, de despojo. Es distinta al otro clásico ícono, Audrey Hepburn, porque la Monroe no era elegante, no era una dama. Pero no le importó, pues las embarradas que se mandó las llevó a cuestas sobre carísimos vestidos y bañadas en Chanel N° 5.

Hoy quiero que recordemos a Marilyn, no como la mina que murió en condiciones extrañas, sino que como ese ícono de alegría y estilo despampanante. Porque a veces hay que ser un poquito más Monroe y menos Hepburn. Porque a veces, a la dama hay que dejarla en casa.

email