Hace dos años, terminé mi review del primer concierto de Blur en Chile todavía un poco incrédula al decir “it really really really could happen”. Hoy me cuesta creer que de verdad “it really really really could happen AGAIN”. Blur volvió a Chile mucho más rápido de lo que esperaba y ya son tres veces en tres años que veo Damon Albarn en vivo, contando su concierto como solista el año pasado. La vida puede ser buena.

Con un disco recién salido del horno, Blur dio inicio a su gira por Latinoamérica en un país al que, me da la impresión, ya le han agarrado cierto cariño. Y no es el show poderoso y perfecto lo que me lo dice, es esa entrega que no se ve todos los días y que al final es lo que se agradece terminado un concierto. Esa conexión que establece Damon Albarn y su mirada de satisfacción extrema cuando ve a un público que está en sintonía con sus propios códigos. Como si tener a 10 mil personas coreando sus canciones todavía lo sorprendiera.

El Movistar Arena ayer explotó. Y ahora es cuando hago la comparación con su show del 2013 en la Pista Atlética. Obviamente, para mí ese día sigue siendo imborrable y está anotado con lapiz rojo y destacador en mi top 5 de la lista de días más bacanes de mi vida, pero lo de ayer en el Movistar Arena fue también hermoso e inolvidable y, que fuera en un recinto más pequeño y cerrado, hizo que todo fuera aún más íntimo que la primera vez, creo yo. Cómo me explico. Si esa primera vez fue el llanto emocionado de por fin tenerlos en frente, después de tantos años de espera, lo de ayer fue el dolor de guata del reencuentro y la certeza de que lo que veríamos sería algo épico, como ya lo habíamos visto antes.

Con una melodía de cajita musical se dio inicio a un show que duraría casi dos horas y que entre luces de bolas disco, nuevas canciones de The Magic Whip y las clásicas que les trajeron la fama y consagración en los 90, nos hizo ir desde la piel de gallina con Out of Time hasta la adrenalina incontrolable de Song 2. Un show que también emocionó al punto de tener esa sensación de que se te va a salir el corazón por la boca, como ocurre con Beetleblum, To the End o The Universal, canción con la que cerraron. Broche de oro perfecto para una noche perfecta.

No podemos olvidar el que tal vez fue uno de los momentos más eufóricos de la noche: Parklife, con un grupo de fans sobre el escenario. Me gusta que vuelva esto de ser inclusivo con el público groupie. Los niños, obviamente, aprovecharon y se sacaron selfies con Damon y los demás, pero les encargo la cara de Graham Coxon cuando una fan fue y lo abrazó. Nos queda claro que Damon es el buena onda acá, jaja.

Todo fue hermoso, tan hermoso como esperé que lo fuera y aunque probablemente faltaron muchas de mis favoritas, no importa cuando se puede ser testigo por segunda vez de un show como este. Por algo son mis favoritos, por algo el fanatismo adolescente que se mantiene hasta hoy. Por algo la sonrisa de oreja a oreja al quedarme dormida anoche, como a las 3 de la mañana, súper desvelada, sin poder superar aún que los vi de nuevo. Todavía no lo hago.

Hoy veo las fotos y videos una y otra vez, cruzando los dedos porque se repita. Ya son dos veces, obvio que puede haber una tercera. Yo sólo espero que esto se vuelva una costumbre. Les prometo que no me quejo en lo absoluto.

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Autor

Periodista y directora de The Pocket. Me gustan los perros, las películas y veo más series de las que debería. En otra vida fui una sailor scout. En Instagram @palaliu.

1 Comentario

  1. Estuvo hermoso, no los vi la vez anterior en la Pista Atlética, pero unos amigos que fueron en esa ocasión me decían que en esa oportunidad el público y la banda estaban más eufóricos. Pero ayer encontré que fue emocionante, y eso me gustó mucho y emocionó también, además que sonaron mis favoritas Beetlebum y The Universal <3

    Saludos!

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