Advierto que este post lo escribí desde una posición súper visceral, pero estoy segura que muchas se sentirán identificadas y espero que pueda ayudarle a alguien de alguna forma.

En Internet y en cualquier revista hay miles de artículos y testimonios de mujeres respecto a su peso y la forma en que la sociedad y el medio donde vivimos nos condiciona a calzar en determinados estándares físicos sobre lo que significaría ser bello y saludable.

Personalmente, nunca he sido delgada ni lo seré. Siempre en el colegio me hicieron bullying por mil cosas y una de ellas era por ser “gorda”, y lo pongo entre comillas porque siempre he tenido un peso normal a juicio de mis médicos y tengo una dieta sana, aunque he pasado por momentos de mucho descuido como creo ya lo había comentado en un post anterior.

En éste les conté cómo cambió mi vida tras operarme y me siento muy bien. Sin embargo, esa inseguridad siempre estará ahí y aquí estoy, justificando mi cuerpo ante ustedes diciendo que médicamente estoy saludable y podría pasar mil años refiriéndome a lo que como y mis actividades diarias. ¿Por qué? Por el famoso “body shaming”, ese del que hace poco fue objeto Lena Dunham por salir mostrando su celulitis en la portada de una revista como si fuera lo más extraño y asqueroso del mundo, o Lady Gaga “atreviéndose a mostrar su guata” hace un par de semanas en el Super Bowl.

Mucha gente se siente con el derecho de hacer sentir mal a otra por su cuerpo y lo peor es cuando viene de cercanos, porque lo más probable es que lo hagan con buena intención o simplemente son desubicados. Si un extraño te manda al gimnasio, se fija en lo que comes o te dice gorda probablemente no duela tanto como sí ocurre con un comentario de un familiar o amigo. Y créanme, me ha pasado a mi y a personas que conozco, donde hay quienes han desarrollado desordenes alimenticios terribles que tienen como principal causa los ataques de sus padres y amistades.

Ni siquiera es una cuestión de género, porque tanto hombres como mujeres sufren del acoso constante. Y lo peor es que en gran parte de los casos basta una mirada, un comentario, para tirar tu autoestima al suelo. Tampoco tiene que ver con ser gordo, porque también tengo amigas que sufren de bullying por ser muy delgadas, entonces claro, lo que en el fondo ocurre es que en nuestro mundo tu cuerpo y su tamaño son tu culpa: tú eliges ser gordo o delgado (les recomiendo mucho el documental Fed Up que habla sobre eso).

No obstante, quiero llevar este tema a lo que nos pasa a las mujeres que nos consideramos feministas. Y aquí quiero plantear argumentos bien fundamentados para que no salgan los hombres a acusarnos de hacernos las víctimas, como sucede en tantos casos.

El disciplinamiento del cuerpo y su relación con la práctica feminista es histórica y más necesaria que nunca. La feminista es siempre loca, gorda y fea, y está enojada con el mundo por eso; la gordura es algo que debe ocultarse o decorarse con humor, porque ser gorda te anula de ser objeto de deseo, te prohíbe ser protagonista de una historia de éxito. Siempre estará la amiga gorda en las sombras, y esas son manifestaciones cotidianas del trasfondo biopolítico de la gordura, donde hay múltiples dimensiones como el poder medicalizador, la asociación con la discapacidad, lo sexual y reproductivo, incluso lo laboral, cultural y racial; temas que dan para análisis mucho más profundos y extensos.

Comentarios como “estás súper bien, eres linda, pero igual deberías bajar un poco de peso e ir al gimnasio para darle más forma a tu cuerpo y sacar músculos” y tener que justificarme me duele y me enoja, pero sobre todo, me cansa. Así como me aburrí de permitir que otros juzguen mis acciones y la forma en que conduzco mi vida, me aburrí de que bajo la “buena onda” y sin que nadie les pregunte, me digan gorda.

No estoy diciendo que no debemos preocuparnos por nuestros seres queridos y si tienen un problema de salud apoyarlo y aconsejarlo, pero lo importante de discutir sobre este tema es tomar consciencia de la necesidad de reapropiación de la palabra “gordo” y sus implicancias, así como sumar en nuestras reivindicaciones la lucha antigordofóbica.

Autor

Soy Analista Político Internacional, tengo 28 años y cuando no estoy escribiendo, horneo galletas. Fan de Corea y su cultura, tomo mucho té, me gustan los edificios bonitos.

1 Comentario

  1. Me encantó este post, tu postura y tu forma de escribir. aplausos para ti!

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