No soy exagerada al decir que Girls cambió mi vida. Nunca he sido mucho de series aunque tengo mis favoritas que sigo fielmente cada temporada, pero Girls fue la primera con la cual generé un vinculo emocional fuerte.

Comencé a ver el primer capítulo en el verano del 2012 y aunque mi vida no era para nada la de sus protagonistas, mujeres jóvenes en sus veintitantos en Nueva York, y aún en muchos aspectos no lo es, sentí que por primera vez podía identificarme con ese periodo tan particular de la adultez.

Tal vez como ocurrió en su momento con las seguidoras de Sex and the City y como decía Shoshanna en esa épica escena cuando Jessa llega a su casa, me identificaba y me identifico con cada una de las chicas en determinados momentos o conductas que nos han mostrado desde hace cinco años.

Todo iba bien, había visto religiosamente cada episodio, hasta que más o menos en la tercera temporada empecé a odiar la serie, en especial a Hannah, aunque volví a darle mi amor en la quinta temporada (no voy a referirme al triángulo Hannah-Adam-Jessa porque me pongo a llorar acá mismo). Bueno, quién no ha odiado a Hannah Horvath e incluso a Lena Dunham en algún momento de su vida.

Creo que aún mi relación con la actriz-personaje no se ha resuelto del todo, como el hecho de que todo gire en torno a ella, que sea súper mala amiga y ególatra. O hechos más recientes, como cuando Lena declaró que no consideraba que la escena de Adam con Natalia en el noveno episodio de la segunda temporada, llamado “On all fours”, fuera violación, son fenómenos que me enojan profundamente.

También he sido crítica con el uso de un lenguaje sexista que, de hecho, es mucho más ofensivo cuando son utilizadas de manera despectiva por un personaje protagónico como Hannah, Jessa y Adam; la falta de personajes no blancos en el centro de la historia o incluso (y llevándolo a lo más extremo) a su política conservadora con respecto a la sexualidad y el romance (relación monógama, posesiva, penetrativa y heterosexual, a excepción de Elijah). Sin embargo, le agradezco a Lena por existir y por sacar Girls adelante, porque si la amamos o la odiamos no niega que aborda temas que jamás se habían visto en televisión o no de la forma en que nos representa en la actualidad, situaciones y conductas que no nos gusta ver pero que existen y no pueden ser obviadas.

Todas hemos estado confundidas sin tener idea qué hacer con nuestras vidas, luchando en ese limbo de ser niñas y adultas al mismo tiempo. Muchas hemos tenido problemas para encontrar un trabajo que nos guste (en realidad un trabajo a secas), atravesado relaciones tóxicas y destructivas, con depresión o crisis de ansiedad. Todas o la mayoría hemos visitados a las amigas llorando y al otro hemos peleado a muerte con ellas para reconciliarnos después.

El primer capitulo de la sexta temporada, llamado “All I ever wanted”, nos puso al día sobre la vida de los personajes y en general está todo bastante estable, y aunque estuvo centrado en Hannah (lo cual me habría dado lata en otro contexto), me gustó el enfoque y la reflexión final sobre valorar las cosas sencillas y disfrutarlas en vez de pasarnos el tiempo quejándonos de todo, lo cual se reflejó cuando Hannah dice que sinceramente no tenía idea qué le gustaba a sus amigas, sólo sabía qué no les gustaba. En el segundo capítulo, con Marnie y Desi nuevamente en la cama, nos queda más que claro: en la vida todas podemos cometer los TERRIBLE errores (aunque convengamos en que Marnie es la más seca para eso).

Aún no asumo que esta es la última temporada, que aunque más adelante posiblemente se estrene una película, no será lo mismo y esa soledad quedará.
Precisamente esa reflexión me ayudó a concluir este post, porque más allá de cualquier crítica, con Girls he aprendido que no hay nada más lindo que encariñarse con una serie, crecer con sus personajes, quererlos e incluso enojarse con ellos.

Gracias Hannah, Marnie, Shoshanna y Jessa, por lograr de verdad ser una voz de una generación y por demostrarnos que la amistad entre mujeres es la herramienta más importante para crecer y ser mujeres independientes en Nueva York, Iowa, Santiago o cualquier lugar.

Autor

Soy Analista Político Internacional, tengo 28 años y cuando no estoy escribiendo, horneo galletas. Fan de Corea y su cultura, tomo mucho té, me gustan los edificios bonitos.

1 Comentario

  1. Karla González Reply

    Pucha oh.
    Que cierto que es la relación de amor y odio con los personajes que creo Lena. Me sentiría muy feliz si escribieran al final de la temporada de lo que piensan, porque soy la única de mis amigas que ve la serie y necesitare con pasión hablar del final!

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