Hay pocas experiencias que marcan a todo el mundo, que no dejan a nadie indiferente con su paso. Ser adolescente, creo yo, es una de ellas.

Para bien o para mal, son años que forjan nuestro carácter, en el que cada sensación y pensamiento se vive al 2000%, nada se siente de a poco, todo viene en extremos. Todo eso, con el constante miedo al “qué diran” guiando cada paso que damos. Eso es, en parte, lo que te hace recordar 13 Reasons Why.

Esta serie, en su primera temporada y estrenada recientemente en Netflix, cuenta la historia de Hannah Baker y sus compañeros del colegio, pero desde una perspectiva bien retorcida. El primer capítulo parte con la imagen del locker de Hannah lleno de flores, mensajes de amor y fotos y gente comentando cosas del tipo “¿por qué lo habrá hecho?”.

Se infiere que se suicidó. No nos dicen cómo, no nos dicen hace cuánto tiempo, pero está claro que no era una persona de muchos amigos, porque a pesar de tantas flores y mensajes, no hay nadie llorando de la forma que uno lloraría si un verdadero amigo se suicidara. La historia entonces se centra en Clay Jensen, un compañero de Hannah que al principio solo sabemos que trabajaba con ella, y se nota que tiene pena, pero que no la quiere demostrar.

Llega a su casa y hay un paquete. Adentro, una caja que contiene varios cassettes. Le pone play al primero y la escucha. Hannah diciendo “Soy yo. Hannah Baker, en vivo y en estéreo”. Y ahí, pum, empieza a quedar la cagá.

Más bien, la cagá ya había quedado, pero esta es la forma en que Hannah decidió no dejar que la cagá pasara piola, sino que se supiera todo. En total son 7 cassettes, y hay 13 lados grabados. En cada uno Hannah cuenta su historia con alguna persona del colegio que le afectó, de manera tal que terminó suicidándose.

Y ahí es cuando se empiezan a revivir todas esas cosas por las que pasamos cuando estábamos en el colegio, cuando éramos teenagers. Su primero beso y cómo los rumores hicieron que todo el mundo la viera como una “suelta”, después como una fácil, después lesbiana, y así y así. Puras mentiras. Es la narración de la vida de una niña que refleja la de millones hoy en día. Quizás no todas pasaron por exactamente todo lo que pasó ella, pero todos pasamos por algo como lo que le pasó.

Inevitablemente me puse a pensar en mi adolescencia, en los comentarios weones de hombres en el pasillo que me webeaban por ser pechugona (¿qué más básico que eso existe?). Yo me hacía la bacán, la que no le importaba, porque dentro de todo era un “piropo”, pensaba yo. Y en verdad no po, era un comentario cerdo. Probablemente en ese momento no me daba cuenta de lo violento que es andar gritándole por los pasillos a alguien que es pechugona, pero sí me acomplejaba, me daba vergüenza, evitaba a cierta gente porque sabía que me podían decir algún comentario que me pusiera incómoda por algo que estaba completamente fuera de mi capacidad de control.

Y entendí demasiado a Hannah, cuando (este spoiler es demasiado piola, les juro) hacen una lista y ponen que tiene el mejor poto, cosa que todo el colegio ahora anda mirándole el poto mientras ella camina por el pasillo. Les juro que sentí su inseguridad. Así me pasó a mí con esa parte en particular, y creo que la gracia que tiene esta serie es que toca varios aspectos de ese estilo en la adolescencia. Las apariencias, tener esos amigos que en verdad no son amigos, esos secretos que no quieres que nadie sepa, el no atreverse a decirle a alguien que te gusta, un sinfín de cosas por las que la mayoría de nosotros pasamos a esa edad.

Y más allá de eso, y esto es lo que más me gusta de la serie, es que te pone a pensar en cómo le pueden afectar las cosas que tú haces a alguien más. Puede ser algo mínimo, un comentario al que tú no le diste ninguna importancia, pero que a la persona que se lo dijiste le haya afectado a tal, nivel que uno no se lo imagina.

Así como todos pasamos por momentos en que fuimos “víctimas” en nuestros años teen, lo más probable es que también hayamos sido bullies y no nos hayamos dado cuenta, o no le hayamos dado importancia, pensando que la persona afectada le puso colors.

La serie es brígida, me la he comido como si fueran papas fritas del McDonald’s, pero no les voy a contar más de la trama. En cambio, les cuento que está basada en una novela del mismo nombre, publicada el 2007 y que tuvo mucho éxito, llegando a estar en la lista de best-sellers del New York Times el 2011.

La serie cuenta con la choreza de estar producida por Selena Gómez, forever teenager en mi corazón, y antes de ser estrenada, ese era uno de sus mejores puntos publicitarios, pero creo que ahora es un dato choro no más, la serie se sustenta por sí sola.

Entre todos los actores, que hay que decir que hay harto talento joven y me gusta eso, destaco a la mamá de Hannah, Olivia Baker, interpretada por Kate Walsh (por siempre Addison en Grey’s Anatomy ❤) que la cagó como traspasa el dolor de la pérdida de un hijo. Le creo todo.

Así que aprovechen estos días que se están poniendo fríos, tírense a la cama con un tecito rico y pónganla en Netflix, para revivir la adolescencia en conjunto.

Autor

Periodista intentando subsistir como tal. Me encanta que me recomienden series porque las veo todas, soy experta en comprar lo que se imaginen por internet y de vez en cuando prefiero escaparme al cerro con mi partner perruna que hablar con la gente.

3 Comentarios

  1. Triste, muy triste.
    Me gustó pero más me provocó una tristeza en el corazón que no pude sacar por varios días.

    • Muy buena serie. No podía dejar de verla. La vi en 3 días y sentí una tristeza q no supe explicar. Como si conociese a Hannah o a Clay, como estar viviendo el colegio de nuevo. Aunque es basada en un libro y la historia termina ahí, me gustaría q hubiese una segunda temporada. A diferencia del libro, la serie se expande más con los demás personajes y sus historias, y quedaron algunas preguntas sin responder al final así que una segunda patita no estaría nada de mal

  2. Me encantó, bien hecha, me hizo llorar en muchos capítulos y recordar mucho la adolescencia y vulnerabilidad que nos hace sentir. Quede bajoneada un par de días pero siento que es una serie que hay que ver, como sociedad nos hace falta emocionarnos más, conectarnos y empatizar con nuestro entorno.

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