Decidí escribir este post porque sé que no soy la única que conoce de cerca la palabra inseguridad. Con negrita, porque es como un punto negro. Frecuentemente me siento una loser en muchos aspectos y es algo que suele cagarme la psiquis. Sé que está mal y trato siempre de buscar una solución, pero cuesta.

Desde chica he sido una persona insegura. Soy del tipo de persona que mientras está haciendo algo – lo que sea -, en su mente sólo piensa que por favor no pase nada malo entre medio. Soy de esa gente que antes de dar cualquier paso necesita que alguien le diga que lo que está haciendo está bien. Y así en muchos aspectos. Insegura conmigo misma, con mi personalidad, con mi cuerpo, con mis pensamientos, con los sentimientos. Insegura de la vida.

Hago un flashback a mi adolescencia (17-18 años), cuando nada me importaba, cuando hacía las cosas sin pensar mucho en las consecuencias (me miento a mí misma porque sigue pasando esto), cuando tenía el valor suficiente para ir y decir las cosas, cuando no me importaba el qué dirán. Entonces digo, ¿qué pasó? Porque después entré a la universidad y todo se fue un poco a la mierda: volvieron las crisis de autoestima que no tenía desde los 15 y con ellas todas las inseguridades. Lo malo es que pensé que tenía todo bajo control, pero no fue así.

Si bien me esfuerzo caleta en trabajar el tema de mi autoestima (es algo de todos los días), creo que de alguna manera hay situaciones que finalmente terminan por retorcerte las neuronas. La paja es que son situaciones que para muchos pueden ser muy normales o cosas quizás tontas, pero que a cada cual le afectan de manera diferente. Al menos en mi caso fueron una serie de situaciones en particular las que me hicieron volver a la inseguridad y a ser esa que se deja de poner una polera por miedo a mostrar el rollo. Sin ir más lejos, hace poco empecé a usar lentes y ni les cuento lo difícil que ha sido acostumbrarme y no sentirme fea cada vez que los uso, aunque todos me digan lo contrario, que me veo bien. Es que la mente es muy jodida. Y es cuático porque al final son todas las cosas que uno vivió cuando más chica, eso que decían de ti en tu adolescencia y que jurabai que no te importaba, lo que termina al fin y al cabo siendo el por qué de esa inseguridad.

Sé que todo esto está mal, les juro que lo sé. Lo que no sé es cómo evitarlo. Me encantaría poder decirme a mi misma “eres bacán”, pero cuesta y es un trabajo que requiere de tiempo y disposición. De alguna manera, lo único que me hace sentir un poco mejor es saber que muchas pasamos por esto (muchos también), que uno en cierto modo se puede sentir apañado. Y que tampoco es algo que tenga que ver con la edad ni nada: siento en parte que las inseguridades las genera la sociedad, los miedos y el volvernos temerosos de nosotros mismos no es tan culpa nuestra, a mi parecer. Porque no, no hay nada malo con nosotros.

El único consejo que les puedo dar a los que pasan por lo mismo que yo es que no vale la pena culparnos por todo. En los problemas de autoestima siempre hay mucho de culpa y ahí está el error. Otra cosa (es chistoso que yo lo diga): la opinión del resto no vale la pena. Aunque en nuestra mente la negatividad abunde, igual no más con un poquito de seguridad sacada desde lo más profundo, podemos empezar a mejorar. También un consejo a quienes sin darse cuenta hieren a otros: a veces no sabemos cómo es la persona que está frente a nosotros, qué problemas enfrenta o cómo recibe los comentarios. No todos tienen una coraza de fierro para aguantar todo. Por eso dejemos de ser tan malos, de herir tanto, de hablar por hablar sin pensar las consecuencias, porque nuestras acciones pueden afectar mucho, querámoslo o no. Podemos joder a alguien sin siquiera habernos dado cuenta.

Autor

Publicista en proceso, con complejo de periodista y a veces fotógrafa. Me han dicho que soy una cabra loca y lo acepto.

2 Comentarios

  1. Me siento tan identificada con el artículo!!! Hasta en lo que respecta a relaciones de pareja sale a flote mi inseguridad y el tema de la autoestima. Creí haberlo superado en algún momento, pero incluso el miedo a no ser lo que al otro le agrade o interese es todo un tema y me empiezo a cuestionar de nuevo qué está mal conmigo. También sé que no debería pensar de esa manera y mil veces me han dicho que hay que partir por el amor propio, pero cuesta.

  2. Ser no-bacán también está bien. Piensa que tu cuerpo es tu único hogar y que tú misma eres lo único que tienes, ámalo. Tal como eres ahora, en el presente, es tan como debes ser, no de otra forma, así eres perfecta.

Deja Un Comentario