Este no es mi primer viaje, pero sí probablemente el más aventurero que he hecho. Años atrás viajé sola por 6 meses a vivir a otro país para aprender inglés, pero fue distinto porque esa vez no había nada que temer: tenía una casa donde quedarme, comida, todo. Además aprendí a ser más independiente y fue ahí cuando le agarré el gustito a viajar y querer moverme siempre.

Hace mucho que quería pegarme un nuevo viaje, así que con una amiga nos entusiasmamos con la idea de hacer una ruta que está como de moda un poco. No teníamos mil millones para pegarnos un viaje a Europa, así que Máncora y Ecuador fueron los destinos escogidos. El tiempo se nos pasó volando, hasta que llegó el momento de irnos; un poquito menos de un mes era lo que duraba el viaje. Mi amiga tampoco nunca había hecho sola a un viaje así y lo reconocemos: estábamos nerviosas y con miedo, porque querámoslo o no, como mujeres siempre nos meten susto y se han sabido casos terribles (no olvidemos las niñas de Montañita). Nos pasamos todos los rollos del mundo, Búsqueda Implacable y todo el cuento. Pero nos teníamos a las dos, y sabíamos que si nos cuidábamos mutuamente, íbamos a estar bien.

Cuando llegamos a Ecuador, con nuestras mochilas gigantes, muertas de cansadas, lo primero fue tratar de olvidarnos de la desconfianza. Con los lugareños nos pasaba caleta eso de desconfiar, no tanto con los extranjeros, pero al final, terminamos sentadas con un colombiano que hacia tours y un artesano de Venezuela, que solo viajaban y trabajaban para seguir andando. Fue bacán, dejamos el miedo un poquito de lado y creo que así fue la mayoría del viaje, tratando de pensar en que nada nos iba a pasar, poniéndonos Pedro Engel, que todos los astros estuvieran a nuestro favor.

Durante el viaje las cosas se nos fueron dando de maneras diferentes, en cada lugar nos asombramos de las cosas que veíamos y de las personas que íbamos conociendo. Visitamos lugares tan bonitos, playas tan mágicas y compartimos con personas tan especiales, que es un viaje que definitivamente ninguna de las dos olvidará, sobre todo por los estilos de vida tan simples que tuvimos la oportunidad de conocer y que te hacen cuestionar lo ajetreada que es a veces la vida que llevamos.

Fue duro, pasamos por bastantes cosas y éramos solo las dos para poder arreglárnoslas. Muchas personas pensaban que solo íbamos a carretear y en verdad esa nunca fue la idea del viaje, la gente a veces no cacha ná. Quedamos plop con muchos paisajes, nos encontramos con amigos, pasamos caleta de frío, como a veces teníamos poca plata comíamos una vez al día o máximo dos porque teníamos que ahorrar, nos enfermamos, tuvimos que ir hasta a urgencias, esa onda. En esas instancias yo creo que es donde se pone como todo de una, como amigas, porque insisto, solo nos teníamos a nosotras lejos de casa. Cuidarnos era lo único que nos quedaba.

Es verdad eso que dicen que viajar a veces pone a prueba a las personas, porque hay que ir dispuestos a muchas cosas y sobre todo ir con una mentalidad muy abierta, dejar los prejuicios. Yo creo que disfruté a concho todo, y que lo principal dentro del viaje fue la confianza y la disposición a que las cosas siempre salieran bien, dejar un poquito lo malo que tenemos, y vivir de verdad.

Si alguna/o nunca ha viajado de esta manera, como un poco “a la vida”, improvisando, les digo que en serio lo intenten. Con un amigo o un grupo quizás la primera vez, sólo con una mochila cargada de las cosas necesarias. Si son mujeres y tienen mucho miedo de hacerlo o de atreverse, en serio, dejen ese miedo ahora YA. No se arrepentirán después de conocer personas y despreocuparse un poco de todo, hablar lenguas que ni cachai, probar comidas que jamás imaginaste, etc. Si lo hacen con una amiga, mejor aún porque se fortalecen los lazos y tienes a alguien con quien compartir esa experiencia para siempre y volver sintiendo juntas que son un poquito mejores personas.

Para mi viajar, insisto, al lugar que sea, implica más que conocer. Va más allá de disfrutar todo lo lindo, me gusta asombrarme y sacar algo de todo lo que veo. Ahí está la clave.

Autor

Publicista en proceso, con complejo de periodista y a veces fotógrafa. Me han dicho que soy una cabra loca y lo acepto.

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