¿Se han dado cuenta que hablamos mucho? Que a veces decimos cosas que no deberíamos decir, o que simplemente revelamos información que no tenemos por qué revelar o que a nadie le interesa. Aunque suene medio mala onda, muchas veces a las personas les da lo mismo lo que hablamos, ya sea cara a cara o por las redes sociales. Desde hace un tiempo he aprendido que a veces callar también es una opción, y eso es algo que he venido practicando y tratando de adoptar en mi propia vida.

Los hindúes han sabido cómo convertir el silencio en algo que beneficie nuestro espíritu, mente y con ello la manera en la que vivimos. Shuer loco y místico pensarlo así, pero la verdad es que cuando lo aplicamos cobra mucho sentido. Dentro de sus filosofías sobre el silencio se encuentra el hecho que, dicho de una manera simple, no lo contemos todo. Hablar lo justo y necesario, aprender a quedarnos callados. Obviamente ellos lo practican de una forma mucho más radical, ya que lo llevan a cabo a través de la meditación, pero también existe otra forma, que es acercarnos un poco a esto que ellos llaman el silencio espiritual.

Es muy simple, pero para mi es algo que se aprende con el tiempo, y mientras nos damos cuenta que en verdad funciona, lo vamos aplicando de manera natural. Lo más importante es saber que no todos quieren escuchar nuestros problemas o en general lo que pasa con nuestras vidas. Las personas no son siempre tan empáticas como creemos, por eso hay que saber a quién le contamos nuestras cosas, que no sea a cualquiera, ojo ahí.

Otro aspecto que hay que considerar es que hay cosas que es mejor guardarlas para uno, como proyectos, planes a futuro o cualquier situación “importante”. A veces es mejor no contar mucho, porque 1) puede que esos planes no resulten y 2) uno no sabe, pero puede que haya gente que quiera tirarte para abajo y todas esas malas energías – sí, me puse Pedro Engel – influyan en el futuro. Lo mismo con los problemas que tenemos con la familia, con la pareja, etc, incluso las buenas noticias. Hay que saber tener un filtro al momento de contarlas, hay que aprender a cuidarnos un poco, hacer las cosas para la satisfacción nuestra, no tanto para que los demás lo aprueben.

Se los digo porque con el tiempo me he dado cuenta que muchas de las cosas que le comenté a otros, funcionaron pésimo y que todo lo importante para mi o muy propio, que supe mantener guardado y darlo a conocer en su debido momento, resultaron. Tal vez algunos no crean en esto, pero yo soy muy fiel a este tipo de prácticas. Es finalmente entregarle un valor al silencio (que ojo, no tiene nada que ver con auto censurarnos). A veces es mejor que hablemos lo justo y necesario: observar, analizar y después hablar. Nos sirve también para poder buscarnos a nosotros mismos y darnos cuenta de muchas cosas que la mayoría del tiempo pasan desapercibidas.

Autor

Publicista en proceso, con complejo de periodista y a veces fotógrafa. Me han dicho que soy una cabra loca y lo acepto.

1 Comentario

  1. Muy de acuerdo! Yo siempre he consierado que tengo verborrea y a veces me sorprendo a mi misma hasta hablando puras weás porque quiero llenar los silencios. Cuando en verdad, una vez que se aprende a estar cómoda con el silencio, se agradece mucho.

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