Me costó mucho encontrar la forma de poder describir como me sentí viendo esta película. Se la he recomendado a todo el mundo porque de verdad hace tiempo no veía algo tan bonito, tan fuerte y mágico a la vez. Probablemente muchos aquí también ya la vieron y por eso me gustaría compartir la sensación que tuve, a ver si a alguien le pasó igual.

Cuando miro a mi perro siento un amor real. Un amor sincero. Cuando tengo pena, lo abrazo y siento que me reconforta con su energía. A veces pienso qué pasaría si se muriera y me pongo a llorar: creo que no lo soportaría. Porque cuando decidimos tener una mascota, un perro, un gato, un hámster, un lagarto o el animal que sea, estamos haciendo un compromiso de amar incondicionalmente. Los que sentimos ese amor sabemos lo que es y lo que entregamos por cuidarlos y protegerlos cada minuto de sus vidas.

Pero es confuso porque también somos bien hipócritas, encuentro yo. Acá depende de cada uno si se siente aludido o no, no es mi intención atacar a nadie, pero siempre he creído contradictorio que nos jactemos de amar tanto a los animales y el fin de semana siguiente estemos ahí, comiéndonos tremendo asado. Somos muy conscientes de lo que pasa en la industria de la carne, pero como está satisfaciendo una necesidad ya cotidiana, no nos importa. Somos una sociedad que olvida o pasa por alto muchas cosas.

Aceptamos sin chistar a laboratorios para que les entierren miles de hormonas y el pollo salga bien gordo, dejamos que los lleven a criaderos asquerosos, inhumanos, donde los crían para matar. No somos quienes para decidir sobre el destino de un animal y sin querer lo hacemos igual, porque repito, vivimos en una sociedad en donde nos importan las cosas, pero un rato no más.

Okja, del director Bong Joon-ho, es esto y mucho más. La película encarna la relación de amistad con un animal hasta el punto de hacer lo imposible por salvarlo. La manera en que Mija se mira con su cerdita es mágica, tanto que pese a ser un personaje de ficción, nos evoca lo que es realmente una relación humano-mascota. Hay varios documentales sobre lo terrible que es la industria de la carne, pero lo que logra Okja es mostrar el lado sensible, emotivo y a la vez fuerte del discurso. No sé ustedes, pero al menos a mi me tuvo llorando a mares.

No voy a decir que todos van a dejar la carne o cuestionarse la vida después de ver la película, pero de que algo les va a mover, eso lo puedo asegurar. Okja habla mucho de lo que somos como sociedad, es una crítica con todas sus letras. Vale la pena verla y darnos cuenta que, a pesar de todo, el amor siempre gana y eso es lo que necesitamos, amor mucho amor, pero del real, como el que proyectan tan bien sus protagonistas.

Autor

Publicista en proceso, con complejo de periodista y a veces fotógrafa. Me han dicho que soy una cabra loca y lo acepto.

3 Comentarios

  1. Comparto plenamente contigo en lo que dices. A mí se me fue mi perrita hace 2 años y todavía la extraño muchísimo, a veces de solo pensar en ella me pongo a llorar. Además, tuvimos que hacerla dormir porque le costaba respirar por un problema a los pulmones y estaba sufriendo y no podía dejarla sufrir ni un minuto más. Te puedo decir que después de llorarlo todo y todo lo que eso conlleva, se vive con ello.
    Lo otro, es que yo hace más o menos un año dejé de comer carne (todavía como pescado por un tema de salud). Siempre había querido hacerlo y de puro cómoda no lo hacía pero me sentía super inconsecuente porque no seguía lo que pienso. Creí que iba a ser difícil y nada. Y en verdad, ha sido mucho mejor pero aunque no creí que fuera a pasar me siento mucho más tranquila conmigo misma. Además, como de la nada y sin pensarlo, me puse más consciente con otros temas, como el testeo en animales y cualquier otro sufrimiento animal.

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