Hace un par de meses me detectaron intolerancia a lactosa y un par de cosas más que mi organismo no procesa muy bien, por lo que tuve que cambiar un poco mi forma de alimentar y en el camino me di cuenta de muchas cosas.

Ser intolerante a algún alimento es bastante común, sobre todo a la lactosa, solo que hay personas a las que no les afecta tanto y otras, como yo, que el consumo de equis alimento les puede influir hasta en el estado de ánimo por las consecuencias que trae.

Me costó convencer a mi mamá que en verdad algo le pasaba a mi guatita, que no podía comer cualquier cosa, y que era urgente ir al doctor. Hubo un momento que hasta tomar agua me hinchaba, ¿han cachao ese nivel de hinchazón que hay que desabrocharse el botón del pantalón? Ya, así estaba 24/7. Pero la única opción era dejando de comer ciertas cosas, aunque me doliera había que sacarlas de la alimentación cotidiana y dejarla casi como un privilegio de vez en cuando.

Partiendo por los lácteos, las galletas, las cosas con crema, los cereales muy dulces, los jugos muy concentrados, el café, los pastelitos, la fritura, etc… La mayoría de las cosas ricas, tuve que empezar a dejarlas :( Y es que fui dándome cuenta que cualquier cosa de este tipo me hacía muy mal. Ha sido bien difícil porque la verdad es privarse de muchos alimentos e intentar buscar soluciones para poder comer rico pero que no me haga mal, lo que implica también un gasto más de plata.

Las verduras, semillas y frutos secos pasaron a ser parte importante de mi rutina alimentaria, mucho más que antes. Los alimentos veganos también han pasado a ser clave y aquí me encontré a mí misma prefiriendo mil veces estos últimos productos porque de verdad si buscamos bien nos vamos a encontrar con cosas demasiado ricas y, de paso, no animales. He tratado también de transformar hábitos alimenticios en mi casa porque al fin y al cabo es cuático el cambio y la forma en cómo el mismo cuerpo se siente mejor, y uno lo nota.

No es ser drama queen, ni tampoco hacer una dieta extrema, es simplemente querer sentir mi cuerpo bien, que ponerme un pantalón no sea una tortura por andar todo el tiempo inflada, que mi ánimo no se vea afectado. Somos lo que comemos y puta que es real ese dicho. Sacar ciertos tipos de alimentos cotidianos pueden hacer un gran cambio en el organismo y hasta hacernos más felices. Uno puede comer de vez en cuando esas cosas tan ricas, pero sin abusar. Si ven que algo les cae mal siempre, hagan la prueba de dejarlo por un tiempo o reemplazarlo por otros productos y verán como de verdad hay una diferencia, además pueden descubrir nuevos alimentos igual de ricos y más nutritivos. No hay excusas porque ahora el mercado ofrece cada vez más opciones para alimentarnos de una mejor manera.

Autor

Publicista en proceso, con complejo de periodista y a veces fotógrafa. Me han dicho que soy una cabra loca y lo acepto.

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