Hubo un tiempo en que había mucho odio hacia Miley Cyrus. Era el tiempo de “Wrecking Ball” y de “We Can’t Stop”, probablemente su época más alocada, cuando cortó y oxigenó la cabellera larga de Hannah Montana, intentando al fin desprenderse del personaje que la lanzó a la fama. Abandonar de a poco el imperio country que desde hace un rato estaba construyendo.

Vinieron las fotos con Terry Richardson, el quiebre con Liam Hemsworth, drogas y otras cosas, pero por sobre todo un claro intento de hacerse notar, pese a las especulaciones de una maniobra marketera de parte de sus asesores. Que la trataran de loca era lo más livianito que se leía cada vez que aparecía una nueva noticia sobre ella. Era como si la gente no aceptara su experimentación, que quisiera mostrarse como se le diera la gana al mundo, que sacara la lengua frente a las cámaras. Entonces cada alfombra roja; cada look extravagante o “demasiado provocador” era una oportunidad para atacarla.

De eso ya un par de años. Entremedio estuvo el que, para mí, es uno de sus mejores proyectos: “Miley Cyrus and Her Dead Petz”, el disco colaborativo con The Flaming Lips que tiene canciones tan hermosas como “Karen Don’t Be Sad” o “Space Bootz”. En este tiempo también la vimos desaparecida de eventos que antes eran como su segunda casa, llámense VMAs o la MET Gala. ¿Qué es de Miley Cyrus? Me pregunté, de hecho, hace no mucho.

Ahora, al parecer, está oficialmente de regreso. La semana pasada lanzó su nuevo disco “Younger Now”, una vuelta a las pistas inesperada y poderosa, que ha dejado a la crítica especializada hablando puras maravillas. Es que Miley parece al fin haberse encontrado a si misma. Es como si todo este tiempo hubiese estado buscando su lugar, caminando, recorriendo, y finalmente logró sentarse en el sillón que la hace sentir más cómoda. Ahora despertó, y así incluso lo expresa en el segundo single, de mismo nombre que el disco:

“Feels like I just woke up
Like all this time I’ve been asleep
Even though it’s not who I am
I’m not afraid of who I used to be”

Me gusta eso de no tener miedo de lo que uno solía ser. ¿Por qué tenerlo? Creo que cambiar está bien y no entiendo ese rechazo que muchas veces existe al cambio. Cambiar de apariencia, de opinión, de la manera que tenemos de pensar o ver cierto tipo de cosas. Es parte de lo que somos y creo que Miley Cyrus interpreta muy bien ese sentir. Hay que cambiar todas las veces que se crean necesarias, filo lo que el resto diga. Filo si te critican por querer llamar la atención cuando siempre fuiste más bien piola (¿acaso un pecado?), o porque toda la vida escuchaste pop y ahora te gusta Megadeth. Filo todo.

Volviendo al disco, lo amo completo. Es una reinvención que se ha venido forjando de a poco y que logra convertirse en una prueba de lo buena artista que puede llegar a ser Miley. Además se trata claramente de un reencuentro con sus raíces country (incluso hay una canción con Dolly Parton, su madrina), lo que ella logra mezclar con su presente pop y con los ritmos y melodías que ha ido descubriendo en este tiempo. En uno de los últimos capítulos de The Voice ella misma se lo dijo a un concursante, tratando de convencerlo para que se quedara con ella: soy el cruce ideal entre country y pop. Estoy de acuerdo.

Lo otro que me gusta mucho es cómo nos permite explorar su voz. Es común que las artistas de la industria pop sean ninguneadas en cuanto a su calidad y técnica vocal, pero creo que aquí ella saca a flote una fuerza que viene desde la guata. No es que sea una Demi Lovato, para nada, sin embargo logra experimentar con matices y colores, jugando con su propia voz de una manera mucho más pura y honesta. Por otro lado, me encanta que vuelva a repasar sus canciones más antiguas, como The Climb, que cantó esta semana en el show Jimmy Fallon y que me dejó terrible de piel de gallina.

Bien por Miley Cyrus y por su nuevo trabajo, pero sobre todo por lo que nos quiere transmitir. En una entrevista definió “Younger Now” como el disco de los espíritus libres y así al menos es como lo siento. Porque sentirse joven no es cuestión de edad, se sabe; se trata de liberar lo que solemos reprimir, olvidar los prejuicios, reinventarnos si es necesario y ser lo que queramos ser.

Autor

Periodista y directora de The Pocket. Me gustan los perros, las películas y veo más series de las que debería. En otra vida fui una sailor scout. En Instagram @palaliu.

1 Comentario

Deja Un Comentario