Como siempre ha ocurrido cada vez que se anuncia una boda real, la opinión pública se vuelve loca y, sobre todo, sedienta de aquellos chismes o “detalles sabrosos” de la relación, el matrimonio y lo que viene a futuro. El anuncio del compromiso entre el Príncipe Harry y Meghan Markle no ha sido la excepción y, siguiendo el curso de la historia, el foco de atención está en Megan, una nueva plebeya que será parte de la Casa Real más famosa del mundo, la que fue capaz de hacer sentar cabeza al chico malo y oveja negra de la familia Windsor.

¿Quién es Meghan Markle? Es actriz y su rol más destacado ha sido como protagonista en la serie estadounidense “Suits”, graduada de Northwestern, sirvió como defensora por la igualdad de género en ONU Mujeres y embajadora global de World Vision, entre muchas otras campañas internacionales, fundó un blog de lifestyle llamado The Tig en 2014 y fue la actriz más googleada en 2016.

Lo interesante de este caso es que por fin se están alzando voces críticas contra las ofensas, burlas y “llamados de alerta” hacia Meghan. Tal como ocurrió con Leticia hace varios años atrás, Megan no tiene nombre, obviando de ser desde ahora y para siempre la novia y esposa de Harry, es la estadounidense, actriz, divorciada, católica, biracial, mayor que su prometido.

Literalmente Meghan rompe todos los esquemas de lo que una princesa debería ser y en sólo unos pocos días, y sí, a fines de 2017, ya es acosada, juzgada y atacada (incluso su familia está siendo seriamente afectada), pues debe pasar por ese camino digno de escena de Game of Thrones donde Cersei es paseada desnuda por la ciudad, para convertirse en parte de la realeza, por alcanzar el sueño más preciado en el imaginario cultural, diría que global, de casarse con un príncipe. Si Diana sufrió tanto con el acoso y degradación en la década de los ochenta hasta su trágica muerte, imaginen si Diana se hubiese casado en la actualidad dominada por las redes sociales.

Ha sido tanto que el Palacio de Kensington tuvo que emitir una declaración condenando los hechos y me recuerda mucho a la historia de Grace Kelly, también actriz estadounidense, que tuvo que cargar toda su vida con su “pasado”. Me parece adecuado, lo mínimo que deben hacer es defenderla, pero ¿cómo escapar o protegerse de un entorno virtual y real tan hostil?

En la entrevista a Vanity Fair, Markle anunció que dejará su carrera como actriz, comenzando la misma transición de todas las demás princesas, para convertirse de una vez y para siempre en la esposa del Príncipe, que nunca será reina, que debe tener hijos, ser prudente, perfecta y dedicada sólo a las actividades que le corresponden a su posición, generalmente protocolares y de caridad, hasta que los medios y la gente se “acostumbren” a ella y la acepten. No estoy juzgándola por eso, no me parece justo que una princesa sea una persona de segunda categoría y como mujeres la despreciemos por tener una posición pasiva en un esquema político que ha sobrevivido cientos de años, pero no deja de dar rabia que aún hoy en día las princesas carguen con el peso de una institucionalidad anacrónica y caduca.

No somos quienes para pedirle a Meghan que asuma un rol diferente una vez que se convierta en princesa por su propia historia, es su elección el tipo de vida pública que quiera llevar, pero en fondo de mi corazón tengo esa esperanza, de llevar mucho más allá lo que Diana empezó, de aprovechar su experiencia, en especial en ONU Mujeres, para ser una portavoz y trabajar en la larga y ardua tarea de avanzar en la igualdad de género y en ejercicio y respeto de los derechos de la mujer.

Considero que Meghan Markle es una mujer increíble, sólo lean su ensayo en Elle Magazine de 2015, y es una responsabilidad compartida denunciar los ataques y el acoso, así como reconocer sus logros, su aporte y apoyarla en lo que viene.

Les dejo algunas de sus citas:

“You create the identity you want for yourself, just as my ancestors did when they were given their freedom”.

“You don’t have to play dress up to be a feminist. You are a feminist exactly the way you are”

“Don’t try to win the part, just win the room”

💪

Autor

Soy Analista Político Internacional, tengo 28 años y cuando no estoy escribiendo, horneo galletas. Fan de Corea y su cultura, tomo mucho té, me gustan los edificios bonitos.

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