Todos conocen el famoso Club de los 27, ese grupo de músicos que trágicamente fallecieron a esa edad, que no merecían irse tan pronto, pero que compartían una característica: la profunda depresión y soledad.

Pero, ¿qué ocurre a los 27? No sé si esa edad tendrá algún impacto significativo en la vida de las personas, pero sí es complejo, como relata la película Frances Ha. Es una edad donde eres completamente adulto, la sociedad te exige que cumplas tu rol como tal, pero empiezas a cuestionarte si realmente estás llevando bien tu vida, pues no puedes excusarte en los “errores juveniles” y, en el caso de los artistas, viven en un mundo donde todo funciona tan rápido y eres tan desechable, que empiezas a ser olvidado.

El lunes desperté y quedé en shock con otro artista que se sumó al fatídico club: Kim Jonghyun. Para quienes no lo conocen, Jonghyun fue por casi una década el líder del grupo de K-Pop SHINee, uno de los más famosos y talentosos del género a nivel global.

Nadie cantaba como él, pues tenía una de las voces más potentes y hermosas de Corea, se destacó como un gran compositor, nunca tuvo escándalos y se destacó durante su carrera por ser generoso, amable, profesional al 100%, siempre sonriente y ha sido prácticamente el único idol en instalar el tema de los derechos LQTBI en una sociedad aún tan conservadora como la coreana. No lo podía creer, lo peor es que se había suicidado con monóxido de carbono (una práctica común en los suicidios del país donde se queman barras de carbón y se termina falleciendo por intoxicación al aspirarlo, que ha aumentado exponencialmente en los últimos años, principalmente en jóvenes varones). Desde que se supo la noticia, los medios y redes sociales no han parado de publicar todos los detalles, llegando a lo morboso y falta de respeto.

Amo mucho a SHINee, si bien no es mi grupo favorito, los adoro por su incomparable talento y por hacerme feliz. No podía ser, no él, no puedo asumir que su voz ya no existe y como jamás había experimentado la muerte de un artista que me guste, me ha afectado enormemente como no creí que lo haría. Creo que me impactó tanto porque inmediatamente empecé a relacionarlo con otros temas gravísimos a nivel global, pero en la sociedad e industria del entretenimiento coreana en particular, así también con mi propia experiencia de vida.

Convertirse y vivir como idol no debe ser para nada fácil. Comienzan a entrenar muy pequeños con un estricto régimen de trabajo sin descanso, se alimentan pésimo para mantenerse delgados, son sometidos a cirugías plásticas para verse más atractivos (que continúan durante sus carreras), abandonan a sus familias y todos los “trainees” viven juntos en habitaciones pequeñas y la mayoría de las veces en muy malas condiciones, pasando años con la presión de ser lo suficientemente buenos para lograr debutar.

No son dueños de sus vidas, porque se acostumbran a que otros les digan qué hacer, qué pensar, cómo enfrentar el mundo. Una vez debutados viene la otra parte, la paradoja de la fama y ser amados por miles de fanáticos, pero deben mantenerse vigentes en una industria feroz, con contratos esclavos que estipulan que deben “devolver” a sus agencias todo lo que invirtieron en ellos sin recibir prácticamente salario, agendas que nunca terminan, viviendo en un estado constante de estrés y presión desde todos lados, pues deben ser perfectos en todo y no pueden tener pareja, porque el escandalo es terrible, ya que los fans los consideran suyos por siempre. Son tan “perfectos” que olvidamos que son simplemente humanos.

Así como Jonghyun, es de público conocimiento que muchos artistas padecen depresión y otras enfermedades muy serias, y desconocemos si están recibiendo el apoyo médico y emocional necesario, ya que el tema de la salud mental aún es tabú en Corea, uno de los países con las mayores tasas de suicidio en el mundo. Las personas raramente asisten a terapia y de hacerlo, lo esconden para que no aparezca en su historial médico y sean considerados una amenaza para las empresas, pues si tienes un mal desempeño o das una mala imagen, todo el colectivo se ve afectado y la empresa es considerada una familia, no puedes deshonrar a tu familia, y esto se profundiza en las agencias de entretenimiento.

Él le entregó una carta a una amiga cercano hace unos días, escribió mensajes de texto a su hermana horas antes de su muerte y luego de la tragedia, sus fans comenzaron a analizar sus últimos posts de Instagram, que dan cuenta llamados de ayuda, pero en entrevistas pasadas ya había mencionado que padecía depresión e intentaba sobreponerse como podía.

En su carta de despedida, sus palabras hablan por sí mismas:

“Estoy roto desde adentro. La depresión que lentamente me corroía, finalmente me tragó completamente. Y no pude vencerlo […] Pregunté por qué seguía perdiendo mis recuerdos. Fue por mi personalidad. Ya veo. Entonces todo es mi culpa al final. Quería que la gente lo notara, pero nadie lo hizo. Nunca me conocieron, así que por supuesto que no saben que existo.
[…] Chocar con el mundo nunca fue para mí. La vida de la fama nunca fue para mí. Esa es toda la razón por la que duele. Porque soy famoso. ¿Por qué elegí esto?
[…] Sólo dime que lo he hecho bien. Que esto es lo suficientemente bueno. Que he trabajado duro. Incluso si no puedes sonreír, no me despidas echándome la culpa. Lo hiciste bien, trabajaste duro”.

Fue muy duro para mi leerla y compartirla con ustedes, me sentí muy impotente y a la vez identificada. Estoy segura que todos los que hemos vivido con la depresión tuvimos esas ideas, de no ser lo suficientemente buenos, culparnos por todo y sentir que nuestras vidas son las más miserables del mundo, que no vale la pena seguirlas. Entonces comencé a pensar, “si Jonghyun que era prácticamente perfecto pensó de esa forma, cuántos seguidores se sintieron más miserables que él tras enterarse de la noticia y pueden estar pensando en tomar la misma decisión, cuántos seres queridos y conocidos están en un estado parecido y no tengo idea”.

Allí fue que tomé consciencia de que aún el tema de la salud mental no es discutido permanentemente, que debe morir una celebridad para instalarlo en la agenda. En la sociedad capitalista en la que vivimos, ser débil y fracasar no son opciones, todo se mueve tan rápido que, si no eres el mejor, si no eres exitoso, el mundo seguirá funcionando sin ti.

La depresión se aborda como si fuera una sombra, algo invisible, que es un problema individual, es decir, la persona que padece depresión es la culpable y “sanarse” depende de ella, padecerla es indicio que fallaste y no eres lo suficientemente fuerte para enfrentar la vida, y lo decía Jonghyun en su carta al mencionar que su médico le dijo que su depresión se debía a su personalidad. Mientras no demos un giro a esta percepción y nos hagamos cargo de la depresión en su dimensión social y cultural, sólo se irá agravando.

Es por eso que quiero dar mis respetos a Jonghyun instalando nuevamente este tema, sobre la importancia de hacernos cargo de este fenómeno que afecta a tantos, que debemos estar atentos a las señales propias y de nuestros seres queridos, que muchas veces pasan desapercibidas por la velocidad y la multiplicidad de hechos que están ocurriendo en todo momento.

Quizás para muchos el suicidio de un cantante en un país tan lejano no sea relevante o consideren que el sufrimiento de sus seguidores es exagerado, pero si algo he aprendido en mis años investigando el fenómeno del Hallyu, fenómeno que admiro y considero fascinante, es a ser crítica respecto a esa dimensión “humana” que muchas veces es dejada de lado. Los idols son compañeros de vida para mucha gente, que crece con ellos, son parte de su vida cotidiana y dan la motivación necesaria para alcanzar metas. Todos necesitamos estímulos para seguir adelante y el K-Pop es un mecanismo de escape y superación personal, así como cualquier otro estilo de música o manifestación artística.

Terminé de escribir esto luego de ver videos de los noticieros cubriendo la ceremonia fúnebre, donde sus compañeros de SHINee, su familia y otras celebridades cercanas no podían parar de llorar y el dolor era desgarrador. Sí, lo vi porque de forma masoquista necesito comprender lo que sucedió y no he parado de sufrir por esto en días.

Lo único que se puede escuchar en esos videos son los llantos y los flashes de las cámaras, como si fuera un circo. No pude evitar sentir rabia, porque sí, muchos han dicho que la muerte de Jonghyun ha tenido tanto impacto que ojalá provoque un cambio en la industria del entretenimiento y en la sociedad coreana respecto a la vida de los idols y la salud mental, pero para mí, el hecho de que tantos videos y fotografías existan y estén circulando viralmente, me hace perder toda esperanza… ¿Aprenderemos de esto algún día o necesitamos que las celebridades sigan suicidándose para hacer algo?

Jonghyun ahora descansa y es libre de todo eso, pero nos enseña cuán importante es tener una red de apoyo y contención, empatía por los demás, compasión por nosotros mismos. Si bien es muy difícil para mí asumir que no volverá, que SHINee nunca volverá a esta completo con sus cinco miembros, quiero decirle a él y a todos los que estén pasando por momentos difíciles, las mismas palabras con las que se despidió: sí eres bueno, si trabajaste duro.

Sí, tú, yo, somos buenos en la medida de nuestras capacidades, no podemos dar más simplemente porque hay muchos factores que lo impiden y así es la vida, de ir logrando poco a poco ser mejores en nuestro propio ritmo. Por favor repítanse esas palabras y a sus cercanos, pues siempre estarán las personas, las situaciones y los fantasmas internos que nos dirán lo contrario, cuídense a sí mismos y a quienes los rodean, pidan ayuda, instalen el tema en sus familias y en su comunidad. No están solos, nadie realmente lo está.

Autor

Soy Analista Político Internacional, tengo 28 años y cuando no estoy escribiendo, horneo galletas. Fan de Corea y su cultura, tomo mucho té, me gustan los edificios bonitos.

1 Comentario

  1. Que buen post cony! tocaste un tema demoledor como la nuestra salud mental, que especialmente en el mundo que vivimos hoy pasa a 2do o 3er plano ):

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