Probablemente ya lo conocen o, si no han visto sus películas, al menos se les ha aparecido por ahí. Yo me declaro obsesionada. Ya les conté de lo mucho (demasiado, infinito elevado a mil) que me gustó Call Me By Your Name, y cada vez que la veo me doy más cuenta de que él es una de las principales razones. También tiene un papel en Lady Bird, personaje que no se aleja demasiado de varios por lo que alguna vez sufrí y lloré.

Timothée Chalamet tiene 22 años pero se ve de 18 y es igual a un chiquillo que me gustó a los 15. Pelo desordenado, facciones algo femeninas pero bien marcadas, ojos verdes y tristes. Se llamaba Andrés y lo conocí por Fotolog. Él era de una ciudad del norte, pero eso no impidió que nos hiciéramos muy amigos por Messenger, donde nos quedábamos literalmente hasta las 4 de la mañana conversando de todo. De música, de películas, de lo que hicimos en el día, de lo que se nos ocurriera. No importaba que al día siguiente había colegio, ni menos que la Normita Hott (profe de matemáticas, siempre me dio risa su apellido), me pusiera una anotación negativa por quedarme descaradamente dormida en su clase.

Con Andrés hablamos durante varios meses y la amistad comenzó a convertirse en otra cosa. Me empezó a gustar. En el día sólo pensaba en hablar con él y acuérdense que en esos tiempos ni siquiera había Whatsapp así que no me quedaba otra que esperar horas y horas hasta que llegara la tarde para recién poder conectarme. A veces no estaba online y era lo peor que me podía pasar. Sufría de verdad. Me acuerdo de ese sentimiento, era como que nada tenía sentido y cuando iba a tomar once y me preguntaban qué me pasaba, que por qué no hablaba, nunca supe cómo explicarlo. ¿Cómo le explicas a tu mamá que estás enamorada de un niño al que no conoces, que no vive en tu ciudad y que ni siquiera sabes si la foto que tiene en su avatar es realmente él?

Un día lo comprobé. Era realmente él y era tan hermoso como se veía en fotos. Fue el día que vino a Santiago y nos conocimos. Era noviembre y vino especialmente a verme, no conocía a nadie en Santiago, tomó un bus y arrendó una pieza durante el fin de semana, con plata que juntó en un trabajo que tenía como empaque en un Líder. Recuerdo ese fin de semana como uno de los mejores de mi adolescencia. Pasamos un sábado entero dando vueltas de la mano por Providencia, fuimos al cine y después nos fuimos a echar al pasto en el Parque de las Esculturas, donde estuvimos como cuatro horas pegados cabeza con cabeza, mirando el cielo y los árboles, escuchando canciones de los Babasónicos, conversando y riéndonos. Fue ahí donde nos dimos un primer beso, que fue tan perfecto que todavía me acuerdo y se me paran los pelos. Tenía sabor a un chicle de frutas, que era también su olor, porque comía de esos todo el día.

Cuando se fue, al día siguiente, en cierta forma supe que no lo iba a ver más. Lloré una semana entera por esa certeza, y aunque seguimos hablando como siempre, haberlo visto ya en vivo hizo que todo cambiara. Con el tiempo, nos alejamos y cada vez empezamos a hablar menos. Meses más tarde vino de nuevo, pero yo no me enteré sino hasta que un día me lo encontré en la Blondie, besándose con un niño. Estocada en el corazón. Cuando chica siempre tuve una fijación por los hombres femeninos, y en más de una ocasión me pasó que luego supe que les gustaban los hombres. Andrés fue uno de ellos y, sin duda, el que más me dolió. Después de verlo esa vez, no hablamos más, no porque lo odiase ni nada, sólo no podía soportar saber que no podía estar con él. Todavía lo recuerdo con mucho cariño.

Cuando vi Call Me By Your Name, fue inevitable sentirme identificada con Marzia (perdón si no vieron la película, las que la vieron lo entenderán). También me pasa con esa escena del baño en Lady Bird. Los hombres gay me atraen mucho hasta el día de hoy, por suerte con los años he sabido hacerme amiga de ellos, no engancharme como me pasó tantas veces. Pero esa es mi historia con Andrés. No tengo idea qué es de él ahora, lo he buscado en Facebook pero no hay rastro, sólo tengo el recuerdo de su olor a bigtime de frutilla y me es imposible no acordarme de él cada vez que veo fotos de este Timothée, cabro pa lindo. Es extraño y nostálgico, porque es como volver a los 15 y caminar de nuevo de su mano, en ese día lejano, con mariposas en la guata y con “Rubí” sonando de fondo.

Autor

Periodista y directora de The Pocket. Me gustan los perros, las películas y veo más series de las que debería. En otra vida fui una sailor scout. En Instagram @palaliu.

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